El Nadador Cara Sucia En vísperas de ingresar al glorioso Bernardo Valdivieso en el año de 1980, mi madre, debido a sus ocupaciones, le pidió a mi tío Víctor que me ayudara con los trámites de inscripción. Él también estaba empeñado en matricular a su hijo, mi primo Patricio. Entre los requisitos estaban los exámenes médicos; así que tuve que levantarme a las 5:30 para acudir al Centro de Salud Número 2, en el barrio El Panecillo. Cuando llegamos, las colas parecían interminables. Veíamos cómo los primeros chicos que ingresaban salían con el brazo extendido, cubriéndose la herida del pinchazo con algodón; Nos preocuparnos, ya que nunca antes nos habían introducido una aguja en las venas. Sin embargo, al ver que algunas muchachas ya habían pasado por el examen, tomamos valor. Finalmente, logramos completarlos trámites y comencé mis clases en el paralelo “D” del colegio. Al principio, todo era distinto: compañeros totalmente desconocidos, excepto mi primo Patricio, nuevos profesor...
Fiero Lindo . Aún rememoro con nostalgia los primeros días en el primer curso paralelo “D” del glorioso colegio Bernardo Valdivieso, donde cada recuerdo está tejido con los rostros entrañables de aquellos que marcaron mi juventud. Los nombres de mis primeros profesores resuenan como un eco en mi memoria: el meticuloso profesor Francis Moreno en Matemáticas; la profesora Enma Valarezo, que hacía de la literatura un viaje emocional; el profesor Darío Eguiguren, quien convertía los Estudios Sociales en una ventana al mundo; el profesor Kléber Simancas, quien inculcaba el cuidado de la naturaleza en Ciencias Naturales; en la asignatura de Dibujo, la profesora Mariela Vallejo, ejecutaba las mejores intersecciones con su compás de madera en la pizarra; la recordada profesora Blanca Alvear en Inglés, y el carismático profesor Vásquez en Educación Musical. Junto a ellos, mis compañeros de travesuras y aprendizajes: Dalton Moncada, J...